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El pueblo de Juan tiene un problema, un problema morroco-
tudo. Piensan que han vencido al gigante. A nadie se le ha
ocurrido que el cuerpo muerto del gigante es aún más peligro-
so que el gigante cuando estaba vivo.
La gente en el pueblo está demasiado ocupada para darse
cuenta de que el cuerpo del gigante es un estorbo. Han orga-
nizado una gran fiesta para celebrar que el pequeño Juan
mató a aquel monstruo enorme. Apenas recuerdan hoy los días
terribles en que el gigante los amenazaba. Ya nadie quiere
pensar en el miedo que les daba mirar el castillo del gigante
entre las nubes. El monstruo no volverá a asustarlos, su som-
bra no desatará huracanes. Ya no habrá que entregarle vacas
para saciar su apetito. No tendrán que esconder a los niños
ni escapar a la montaña cada vez que al gigante le dé por bajar
al pueblo en busca de comida.
La música de la fiesta no permite a nadie percibir el soni-
do de las ratas que se acercan al cuerpo del gigante. Sólo Juan,
el pequeño héroe, comienza a percibir el peligro. Se asoma
inquieto a las ventanas del salón y mira el cuerpo enorme de
su víctima. ¿Quién moverá de ahí al gigante. ¿Qué pasará
cuando el corpazo del gigante empiece a oler mal. ¿Cómo po-
drán huir de su sombra y se su carra horrible y gigantesca.
Junto a Juan todos bailan. Sonríen las muchachas, que se
acercan para ver la medalla que le ha colgado del alcalde al
cuello. Lo soldados lo abrazan, los viejos le dan las gracias.
Pero Juan apenas sonríe. Sabe que el cuerpo del gigante es un
enorme problema. Vuelve a mirar por la ventana y casi puede
ver el cuerpo gigantesco en mitad de la plaza.
Mañana todos despertarán cansados de la fiesta. Mañana
notarán la peste en el aire y entenderán que el cuerpo del
gigante ha empezado a oler mal y que es su nuevo enemigo.
Un lío morrocotudo
Ignacio Padilla
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¿Qué harán con él. Buscarán a Juan, pero Juan ya habrá co-
rrido a las montañas. ¿Qué harán con el cuerpo del gigante.
¿Cómo evitarán que contamine el pueblo. El alcalde pensará
en dinamitar el cuerpo. Lo rellenarán con dinamita y lo harán
estallar. No sabe que sobre el pueblo entonces lloverán peda-
zos podridos de gigante. Juan, en la montaña, no podrá evitar
que lo aplaste el pulgar enorme de su antiguo enemigo.
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